Hace muchos años que soy socio del Club Eroski y lector habitual de su revista mensual Consumer. Se publica en papel y en versión digital (acceso gratuito). Cubre temas de consumo cotidiano, defensa del consumidor, comparativas de productos, etc. En noviembre de 2025 publicaron un artículo sobre cómo muchas plataformas online de venta aplican patrones oscuros o dark patterns para influir en nuestro comportamiento e inducir la compra. En no pocas ocasiones, de productos que no necesitamos.
Explica el artículo que de acuerdo con un informe publicado por la Comisión Europea, el 97 % de las webs y aplicaciones más utilizadas por los consumidores de la Unión Europea incorporan al menos un patrón oscuro, y por lo general más de uno.

El término "dark pattern" fue acuñado en 2010 por el diseñador UX británico Harry Brignull, cuando lanzó el sitio web darkpatterns.org (actualmente renombrado como Deceptive Design). Su objetivo era identificar y denunciar patrones de interfaz diseñados para manipular a las personas usuarias y llevarlas a realizar acciones que no habrían elegido libremente.
La definición original de Brignull era:
"Trucos utilizados en sitios web y aplicaciones que hacen que hagas cosas que no pretendías hacer."
Antes de 2010 estas prácticas ya existían, pero no tenían un nombre común. El mérito de Brignull fue ponerles nombre: con una etiqueta reconocible, la comunidad UX, los investigadores y, con el tiempo, los reguladores pudieron analizarlas, clasificarlas y combatirlas.
El objetivo del artículo de Consumer —y el de este post— es ese: que conozcamos los patrones más habituales para poder detectarlos cuando los encontremos.
Funcionan porque no actúan al azar: cada uno de estos patrones explota un sesgo cognitivo concreto que afecta a nuestra forma de decidir.
Patrones oscuros más frecuentes en webs y apps
Estos son los doce patrones más comunes. Para cada uno incluyo un ejemplo real de cosecha propia o extraído de Hall of Shame, un repositorio que identifica y documenta casos de diseño engañoso en webs y aplicaciones de empresas conocidas. Conocerlos no nos vuelve inmunes —la información no desactiva los sesgos cognitivos—, pero sí nos hace algo menos vulnerables a la manipulación.
1. Falsa jerarquía (False hierarchy)
Cuando la web despliega varias opciones, no las presenta con la misma importancia visual. Una de ellas —la que le interesa a la plataforma— aparece destacada con un botón más grande, un color más llamativo o una posición más prominente. El objetivo es que la selecciones sin pararte a pensar.
Hay mil ejemplos de este tipo de patrón. La captura es de Shutterstock.
2. Insistencia (Nagging)
La plataforma te bombardea con notificaciones, ventanas emergentes y avisos repetitivos para que realices una acción concreta: activar las notificaciones, suscribirte, contratar la versión de pago… Si los ignoras, vuelven a aparecer. Una y otra vez.
A pesar de rechazar repetidamente el acceso a notificaciones y a la lista de contactos, TikTok sigue solicitando esos permisos en cada sesión, con botones primarios destacados y texto que insinúa que te pierdes funciones clave.

3. Trampa sin salida (Roach motel)
Contratar es sencillo: unos pocos clics y ya eres suscriptor. Darte de baja es otra historia. El botón de cancelación no existe, está enterrado en los ajustes más recónditos o directamente hay que llamar por teléfono a un servicio de atención al cliente diseñado para desgastarte.
Suscribirse a The New York Times se hace en segundos online. Cancelar obliga a llamar por teléfono a un servicio de atención al cliente, diseñado expresamente para desgastar y retener al abonado.

4. Acciones forzadas (Forced actions)
La web te obliga a realizar una acción que no pedías para poder continuar. El ejemplo más habitual: registrarte para ver el precio final de una compra. O encontrarte con que la casilla de suscripción a la newsletter ya viene marcada por defecto en el formulario.
LinkedIn activó por defecto la opción «Use my data for training content creation AI models». Para desactivarla, el usuario debe navegar por tres submenús de configuración.



5. Información oculta (Hidden information)
Los datos importantes —el coste del envío, las comisiones, las condiciones de una renovación automática— no aparecen hasta el último paso del proceso. O aparecen, pero en letra pequeña y en un lugar donde nadie mira.
HashiCorp anuncia una funcionalidad «incluida» en la tarifa de 20 $/usuario. Solo tras contratar se descubre que «starting at» escondía un cargo adicional obligatorio para activar esa misma función.
6. Scroll infinito (Infinite scroll)
El contenido no tiene fin: siempre hay algo más justo debajo de lo que acabas de ver. No hay páginas, no hay paginación, no hay ninguna señal que indique cuánto tiempo llevas desplazándote. La plataforma combina este patrón con algoritmos de recomendación para garantizar que lo que aparece a continuación sea exactamente lo que más probabilidades tiene de mantenerte enganchado.
Amazon colecciona un buen número de patrones oscuros. Entre ellos el del scroll infinito.
7. Dotación (Endowment)
Cuanto más tiempo llevas en la plataforma, más has acumulado: puntos, seguidores, trofeos, niveles, racha de días consecutivos… Todo ese historial crea un vínculo difícil de romper. Si te vas, pierdes lo que has construido. Y eso duele, aunque lo acumulado no tenga ningún valor real fuera de la propia plataforma.
Durante la baja de LinkedIn Premium, una pantalla enumera lo que el usuario perderá: «10 créditos InMail», «3 créditos Top Choice Jobs» e «insights de IA». No es información neutra: es una lista de «pertenencias» acumuladas diseñada para activar la aversión a la pérdida.
8. Tareas de desgaste (Grinding)
La plataforma te pide que realices tareas sencillas o repetitivas —ver un vídeo completo, rellenar un formulario, completar un reto diario— a cambio de puntos, créditos o acceso a contenido. El objetivo real no es que hagas esas tareas, sino que mientras las haces estés expuesto a publicidad o consumiendo lo que la plataforma quiere que consumas.
Este patrón es muy utilizado por los juegos gratuitos para que te pases a opciones de pago para evitar las tareas de desgaste. También por plataformas de microcompras como Shein.

9. Escasez (Scarcity)
«Quedan solo 3 unidades». «Otras 12 personas están mirando esto ahora mismo». La sensación de disponibilidad limitada nos empuja a tomar decisiones rápidas, por miedo a quedarnos sin algo. El problema es que esa escasez es, con frecuencia, fabricada.
Booking es uno de los ejemplos estrella en el uso (abuso) de este a patrón.

10. Urgencia (False urgency)
La cuenta atrás lleva horas corriendo. La oferta termina en 00:07:32. Pero si recargas la página, el contador vuelve a empezar. La urgencia artificial activa nuestra aversión a la pérdida y nos lleva a comprar sin reflexionar.
En StubHub aparece un temporizador de 10 minutos en la esquina superior derecha de la pantalla. El objetivo es impedir que el usuario compare precios en otras plataformas antes de completar la compra.
11. Atención dirigida (Misdirection)
A través de colores, tamaños, animaciones o posicionamiento, la interfaz dirige tu atención hacia un elemento concreto y la aparta de otro que prefieren que no veas. Un ejemplo habitual: el botón de «aceptar todo» en verde y bien visible; el de «gestionar preferencias» en gris y casi ilegible.
Delta Airlines utiliza este patrón para forzar a las personas usuarias a contratar una opción más cara en lugar del paquete básico.
12. Sobrecarga informativa (Information overload)
Demasiada información, demasiadas opciones y demasiados estímulos a la vez. La persona usuaria se satura, pierde la capacidad de evaluar con calma y acaba tomando la decisión de menor resistencia: la que la plataforma ha preparado para ese momento de agotamiento cognitivo.
En StubHub, una sola pantalla acumula 5 mensajes de urgencia y escasez simultáneos (demanda alta, último precio mínimo, 41 vistas recientes, última venta, temporizador). La saturación informativa impide la evaluación tranquila y empuja a la compra impulsiva.
Contar hasta diez antes de hacer clic
En el informe de la Comisión Europea apuntan que para evitar caer en estas trampas "la principal recomendación sería contar hasta diez antes de hacer clic o realizar cualquier compra, porque así es más fácil que se active el sistema racional y reflexivo del cerebro".







